sábado, 3 de julio de 2010

Iglesia de Santo Domingo Granada

Altar Mayor

El rayo de Luz a San Francisco

Altar Mayor


Coro

Sacristía

Ante la atenta vigilancia de fray Luis de Granada -la estatua le da la espalda a la fachada principal- y la mirada distraída de los universitarios que residen en el colegio mayor de Santa Cruz la Real, la iglesia de Santo Domingo permanece de manera señorial siglo tras siglo en uno uno de los barrios granadinos con más solera y raigambre popular como es el Realejo. Envuelta en el ambiente melancólico de la plaza de Santo Domingo la iglesia del mismo nombre atrae la atención debido a su gran monumentalidad.

Fundada en el siglo XVI por los Reyes Católicos, está considerada como una de las más interesantes de toda la ciudad. Formó parte del Monasterio de Santa Cruz la Real, lugar donde el Tribunal de la Santa Inquisición celebró sus sesiones. Dicen que fue donde vivió Torquemada, uno de los primeros y más duros dirigentes de la Inquisición que trabajaba como Inquisidor General. Estos singulares espacios, enclavados en una plaza melancólica y "seca", también sirvieron durante siglos como lugares de sepultura de familias nobles granadinas.

La iglesia de Santo Domingo formó parte del monasterio de Santa Cruz la Real, de la Orden de los Predicadores, fundado por los Reyes Católicos al poco de entrar en Granada, en el año 1492, en señal de reconocimiento por la merced que la Providencia les había otorgado con la conquista del Reino de Granada. La iglesia comenzó a construirse en 1512 y, tras un periodo de interrupción, se reanudaron las obras veinte años después.

En los libros de arte y de historia tampoco está muy claro quién fue el encargado de su construcción. Lo que sí está más dilucidado es que se trata de una de las mejores iglesias de la ciudad, predominando el gótico, con arreglo al cual se hicieron los arcos y bóvedas; sin embargo, las columnas, ventanas, cornisas y el portón son todavía románicas. No son los únicos estilos.

Su entrada está precedida por un pórtico de piedra con tres arcos de medio punto sobre columnas dóricas y, en sus enjutas, campean las iniciales de los Reyes Católicos, el escudo de éstos y el del Emperador Carlos V, y el lema «tanto monta» en el centro. Sacado del archiconocido «tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando». La fachada llama la atención y en estas tardes de otoño que se aproximan la melancolía de esta plaza se acrecenta. Es el lugar perfecto para revisar algún escrito de fray Luis o cualquier otra lectura que apetezca.
El interior de la iglesia, que se puede visitar en horario de culto, presenta una planta de cruz latina, con diez capillas y un retablo barroco representando a la Virgen del Rosario, de Blas Moreno. Sobre la torre de campanas, unida en su día a la entrada principal del monasterio destruido, se alza una espadaña de mezquita. Los elementos decorativos son de influencias barrocas. Sus bóvedas y arcos están construidos según el estilo gótico, sin embargo, las columnas, ventanas, cornisas y el portón como ya se ha dicho son románicas.





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